El “antes”.

Creo que es importante que para saber a donde vamos, primero sepamos de donde venimos. Hoy te voy a contar una breve historia sobre mi vida y el peso.

Siempre he sido gordito, desde bien pequeño. Por el motivo que fuera, mi cuerpo siempre ha creído que lo más seguro para él era almacenar la mayor grasa posible, y lo conseguía, ¡vaya que si lo conseguía!

Mi madre, ya se preocupaba de cuidarme,  y mientras que los demás niños se comían sus porquerías a la hora del recreo (Bollycaos, donettes, etc.) a mi siempre me hacía un bocadillito de embutido. Hacía lo que buenamente podía, aunque hoy día sabemos que darle a un niño un trozo de pan blanco no es precisamente un hábito sano.

Durante toda mi infancia fui cogiendo peso, pero no fue hasta llegar el instituto qué aquello se aceleró. Todo el mundo me decía que no me preocupara, que ya daría el “estirón”…y vaya si lo di! Al acabar el instituto a los 18 años ya estaba en 130 Kg! En esta época muchos fueron los factores psicológicos que podría achacar perfectamente al aumento de peso, entre problemas familiares, bullying, etc. pero soy una persona muy consecuente con mis actos, y el verdadero culpable de todo ello fui yo. Somos los únicos dueños de nosotros mismos, los únicos que decidimos que hacer, decir o comer en cada momento. Debemos ser consecuentes con nuestros actos, y al igual que los únicos culpables somos nosotros, también tenemos TODO el poder de cambiarlo.

Bien es cierto que el entorno nos puede jugar una mala pasada, ya sea a nivel emocional o el ambiente obesogénico en el vivimos por culpa de una industria despiadada y un gobierno permisivo, pero seamos consecuentes. ¿Cómo voy a culpar a alguien de mi peso si cuando he querido lo he podido controlar? No nos engañemos más, somos los únicos culpables, y gracias a ello somos los únicos que podemos solucionarlo.

Mi época Dukan.

Llegaron los 19 y el primer amor. La motivación, como bien te iré demostrando en este blog, es la clave de todo. ¿Y qué mayor motivación que el amor? me enamoré, y quise enamorarla. Por aquella época llegó a mis manos la dieta Dukan, y empecé a comer carne. Y más carne. Y de postre carne.

download.png

Creí que había descubierto la piedra filosofal. Comía toda la carne que quería, quilos y quilos, y mi peso disminuía a una velocidad de vértigo. La única condición era no comer carbohidratos, y a mi se me daba genial evitarlos. En 8 meses bajé 40 Kg y me puse en los 90 Kg. Era feliz, salía, me divertía y hasta me olvidé de aquel amor…hasta que un día perdí la vista. Fue la consecuencia de un comportamiento irresponsable, de comer insanamente y sin control médico. Un día, mientras estaba tomando algo con unos amigos, perdí la vista durante unos minutos. Unos minutos que se hicieron eternos, para luego volver. Creo que no hace falta decir que me asusté muchísimo, y mi primera reacción fue ir a comprar unas galletas de chocolate para “recuperar” el azúcar en sangre. Y esas galletas fueron las primeras de muchas. Y es que otra de las cosas que te voy a intentar dejar claro en este blog es que hacer dieta se acaba, y por eso no es buena idea. Una dieta Dukan bien llevada, puede ayudarte a bajar de peso, pero un día se acabará, y ese día ya sabemos lo que va a pasar. Las dietas tienen ese problema, y es que se acaban. Y esa se me acabó.

Durante los siguientes años acabé la carrera, abrí mi propia empresa y no dejé de aumentar mi peso. Cometí uno de los mayores errores de mi vida. Me centre en mi empresa, en hacerla crecer, poder vivir de ella, y darle el mejor servicio a mis clientes. Las burrada más grande que recuerdo es estar 10 días prácticamente sin dormir, con un colchón inflable en la oficina para dormir a ratos, mantenerme despierto a base de Redbull (24 Redbulls en una semana) y comida rápida las 24h.

No siempre era así, pero trabajar 12h diarias era una norma. En ningún momento se me ocurrió parar, mirarme, pensar en mi y dedicarme tiempo. Trabajar mucho pensaba que era lo correcto, y así lo hice durante años. Conocí a la que actualmente es mi mujer y aun así seguí engordando, hasta que llegué a los 140 Kg.

Puede que pienses que comía mucho, o muy mal pero no es del “todo cierto”. De lunes a viernes comía bastante sano. Era habitual una ensalada y algo de carne a la plancha. Y Coca-Cola Zero, mucha. Los fines de semana eran mi perdición, donde me permitía caprichos: salíamos a comer fuera, o hacíamos un McAuto a full (con sus Sundays claro), o llamábamos a Telepizza. Y Coca-Cola Zero, mucha. Desde mi punto de vista, estos hábitos, sumados de una vida 100% sedentaria y una mente insana fueron los causantes de mi obesidad.

Hasta que un día DESPERTÉ…

 

 

Un comentario en “El “antes”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s